¿Por qué Alma enfrentó grandes desafíos políticos como juez superior?
Junio 1, 2020
KnoWhy #563
Imagen fija “Alma and Nehor” (Alma y Nehor) a través de Gospel Media Library
Imagen fija “Alma and Nehor” (Alma y Nehor) a través de Gospel Media Library
“Y aconteció que al principio del quinto año de su gobierno, empezó a surgir la contención entre el pueblo... Y sucedió que se reunió el pueblo por toda la tierra... en grupos separados, ocasionando muchas disputas y grandes contenciones entre unos y otros”
Alma 2:1–5

El Conocimiento

Alma hijo enfrentó muchos desafíos como el primer juez superior del pueblo nefita. Solo, sin ningún consejero o comités legislativos, tuvo que descifrar cómo debería funcionar su nueva forma de gobierno. No existía ningún manual administrativo o algún precedente. En el primer año de su cargo, tuvo que juzgar un caso de alto perfil que imponía la superchería sacerdotal por medio de la espada (Alma 1)1, sofocar una violenta insurrección política (Alma 2–3) y abordar la apostasía religiosa. Esto condujo a un orgullo y desigualdad tan grandes que decidió, después de ocho años, abandonar el puesto de juez superior para dedicarse a predicar (Alma 4). Los desafíos que Alma enfrentó durante estos años cruciales de transición pueden comprenderse mejor al retroceder en historia y observar las fuerzas sociales, políticas y religiosas que estaban sucediendo en Zarahemla durante este periodo.

Los mulekitas

“En esa época”, explicó John W. Welch, “la tierra de Zarahemla había llegado a ser un lugar muy diversificado debido a varios cambios demográficos importantes”2. En primer lugar, se había producido la fusión de los nefitas y los mulekitas dos generaciones antes (Omni 1:12–19). Los nefitas eran el linaje que gobernaba, pero la mayoría de la gente era de origen mulekita (Mosíah 25:2, 13). Los nefitas y los mulekitas habían estado unidos por dos generaciones (Omni 1:19), e incluso ligados por un convenio (Mosíah 4–5). Sin embargo, no había duda de que había un trasfondo de tensiones entre ellos, especialmente si los mulekitas comenzaban a reconocer y afirmar sus derechos para gobernar como herederos de la monarquía davídica3.

El pueblo de Limhi

“Añadiendo a la complejidad demográfica”, Welch también señaló, “el pueblo de Limhi había tenido un escape dramático de la ciudad de Nefi y llegó a la tierra de Zarahemla” hacia el final del reinado de Mosíah (Mosíah 22)4. Este pueblo se había separado del grupo principal de los nefitas y regresó a la tierra de Nefi dos generaciones antes (Omni 1:27–29; Mosíah 6:1). Bajo el reinado de tres reyes diferentes (Zeniff, Noé y Limhi), estos pueblos forjaron su propia identidad por separado, independientes de los grupos de nefitas o mulekitas en Zarahemla. No tenemos una explicación detallada sobre lo bien que se integraron en la sociedad de Zarahemla, pero asumiendo que "prevalecían las condiciones sociales normales” entonces “es poco probable que muchos de estos recién llegados o refugiados se asimilaran completamente como ciudadanos iguales en los niveles superiores de la sociedad nefita”5.

El pueblo de Alma

“Para complicar aún más las cosas”, continúa Welch, “la llegada del… pueblo dirigido por Alma padre se sumó a la creciente diversidad política de Zarahemla” e "introdujo nuevos aspectos religiosos a la situación”6. Alma padre trajo consigo fuertes ideales antimonárquicos (Mosíah 23:6–15), y su pueblo estaba unido mediante el convenio del bautismo (Mosíah 18). Inmediatamente llegó a ser influyente junto a Mosíah, quien le otorgó la autoridad para establecer iglesias que eran aparentemente independientes de los sacerdotes del templo ya existente en Zarahemla. Aunque esta medida fue, sin ninguna duda, bien intencionada y motivada, “creó varios problemas políticos”, tales como establecer un precedente para que "grupos religiosos, hereditarios o políticos menos deseables, como los seguidores de Nehor… buscaran o defendieran el derecho a la igualdad de privilegios y circunstancias"7.

Los jacobitas, josefitas y zoramitas

Y más allá de eso, estaba la estructura tribal subyacente de la propia sociedad nefita. Todavía había jacobitas y josefitas, descendientes de los últimos dos hijos de Lehi. También había zoramitas, quienes mantuvieron una identidad tribal suficientemente fuerte como para que pronto (antes del año decimoctavo del gobierno de los jueces) ellos mismos se separaran del gobierno principal nefita y construyeran un centro contracultural en una tierra que llamaron Antiónum (Alma 31:3).

Disidentes religiosos

En medio de esta creciente diversidad, había cada vez más disensiones sobre las enseñanzas del rey Benjamín entre la generación creciente, incluyendo, por un tiempo, a los hijos de Mosíah y Alma hijo. Esto condujo a la contención y a la persecución entre creyentes y disidentes, y obligó a Alma padre a “borrar” los nombres de aquellos que no se arrepintieran (Mosíah 26–27)8.

Mosíah intentó equilibrar cuidadosamente este ambiente social, político y religioso tan complejo mientras hacía la transición de los nefitas de una monarquía a un sistema de jueces, obteniendo su legitimidad de las diversas voces reunidas del pueblo (Mosíah 29:39)9. Sin embargo, mientras Alma hijo asumió el cargo del juez superior, Zarahemla estaba claramente en una situación política novedosa y precaria10. Para empeorar las cosas, Alma tuvo que dirigir esta difícil transición sin la asesoría de su padre Alma o el rey Mosíah, ya que ambos habían fallecido en el primer año de su gobierno (Mosíah 29:45-46).

El porqué

Reconocer toda esta diversidad que se estaba gestando en Zarahemla, nos ayuda a apreciar la tormenta perfecta que se creó en los días de Alma. Mientras que el propio reinado de Mosíah era probablemente complicado por estas realidades políticas emergentes, estas tensiones políticas en competencia llegaron a un punto crítico durante el gobierno de Alma como juez superior11. Con las fisuras sociales acechando justo por debajo de la superficie, las cosas comenzaron a desenredarse rápidamente durante el primer año del gobierno de los jueces. Los desafíos que Alma enfrentó valiente y fielmente como juez superior pueden verse como un resultado directo de las tensiones que envolvían a Zarahemla.

Las líneas divisorias religiosas, desestabilizadas por estas fracturas políticas y sociales, fueron las primeras en retumbar. Con una ley que “no podía ejercer poder alguno en ningún hombre por su creencia” (Alma 1:17), y con muchos entre la generación creciente que discrepaba con la Iglesia de Dios, se abrió el camino para una orden religiosa alternativa. Nehor llenó ese vacío al predicar una doctrina halagadora donde “todo el género humano se salvaría en el postrer día” a pesar de sus pecados (Alma 1:4)12. Nehor cruzó la línea cuando utilizó la violencia para hacer valer sus puntos de vista, por lo que fue juzgado y sentenciado a muerte (Alma 1:7–15)13. Sin embargo, “no cesó con esto la difusión de la superchería sacerdotal en la tierra” (Alma 1:16). La orden de los nehores seguiría siendo por mucho tiempo un problema para Alma, no solamente como juez superior sino especialmente como sumo sacerdote.

Justo cuando Alma estaba restaurando el orden y la fortaleza de la Iglesia, después de muchos años diligentes de trabajo (Alma 1:26–28, 33), la delicada armonía política en la tierra comenzó a deshacerse. En el quinto año de su gobierno como juez superior, Amlici y sus seguidores intentaron restablecer la monarquía (Alma 2:1–2). Cuando su intento falló, ellos se sublevaron “y consagraron a Amlici para que fuese su rey” (Alma 2:9) y comenzaron una sangrienta guerra civil (Alma 2:3–15). Esto llegaría a ser un problema recurrente para los nefitas y sus pueblos federados: catorce años después, un hombre llamado Amalickíah lideró una revuelta que buscaba convertirlo en rey (Alma 46:3-10), y nueve años después, un grupo de personas conocidas como “realistas” deseaba que se “derribara el gobierno libre y se estableciera un rey sobre el país” (Alma 51:5).

Sobre todo, el deseo de algunos por convertirse en reyes y señores alimentó este conflicto. Todos estos grupos: los amlicitas (cf. amalekitas)14, los amalekitas y los realistas [quienes buscaban tener rey] parecen compartir la raíz semítica mlk, que significa “rey” y podrían haber sido de origen mulekita (otra raíz de mlk)15. Tendría sentido que las personas de “ilustre linaje” quienes “deseaban ser reyes” (Alma 51:8) en estos movimientos estuvieran relacionados de alguna manera con el linaje de la realeza mulekita y el deseo que acompañaba a algunos por ser elevados al poder y superioridad.

Alma logró sofocar la rebelión que inició Amlici, pero no sin el derramamiento de mucha sangre (Alma 2:35–38; 3:26). Después de este conflicto, Alma tuvo cierto éxito organizando y haciendo crecer la iglesia de Dios, pero finalmente surgieron desafíos nuevamente (Alma 4:1–11). En este punto, Alma se dio cuenta de que no podía afrontar con éxito los desafíos a largo plazo tanto de la iglesia como de la nación, por lo que renunció al asiento judicial y decidió centrarse en su ministerio como sumo sacerdote (Alma 4:11-20).

Reconocer los complejos factores sociales que surgieron durante los primeros años del gobierno de los jueces, puede ayudar a los lectores a comprender mejor por qué Alma enfrentó desafíos tan desalentadores cuando fue el primer juez superior. También deja claro que estos no fueron el resultado de fallas por parte de Alma como líder. Más bien, las tensiones sociales, políticas y religiosas en Zarahemla eran, en efecto, una bomba de tiempo, destinada a estallar independientemente de quién fuera nombrado el juez superior. Al considerar todas estas cosas, Alma manejó los desafíos que enfrentó de manera admirable y finalmente se dio cuenta de que la única solución duradera vendría a través de la predicación de "la palabra de Dios" (Alma 4:19; cf. Alma 31:5).

Todo esto nos ayuda no solo a comprender estas repercusiones que se extendieron a la historia nefita, sino también a evitar problemas similares en nuestros días al aprender lecciones valiosas del pasado.

Otras lecturas

John W. Welch, The Legal Cases in the Book of Mormon (Provo, UT: BYU Press, 2008), 211–219.

Gregory Dundas, “Kingship, Democracy, and the Message of the Book of Mormon”, BYU Studies Quarterly 56, no. 2 (2017): 7–58.

David Charles Gore, The Voice of the People: Political Rhetoric in the Book of Mormon (Provo, UT: Neal A. Maxwell Institute, 2019).