Explicación científica sobre el Wiracocha y Pachacamac
Daniel Gutiérrez Salas
"Wiracocha", imagen vía machupicchu-tours-peru.com
Noé Correa

Pregunta: Me gustaría una explicación científica sobre el Wiracocha y Pachacamac que son los nombres con los que se conocía a Jesucristo en el antiguo Perú.

Respuesta:

Daniel,

Su pregunta tiene mucho que se debe desglosar. Cuando usted dice “explicación científica”, ¿quiso decir “explicación histórica” o se refiere al método científico de hacer conjeturas e hipótesis? Pues bien, debemos explicar las posibilidades y similitudes entre los dioses de Perú (y otros de las Américas) y Jesucristo, reconociendo que también hay tradiciones de estos dioses que jamás atribuiríamos al Señor.

Debido a que la Iglesia no tiene una postura oficial sobre estos temas (aunque produjo videos y artículos relacionados en el pasado), miembros fieles de la Iglesia abordan este estudio sacando diferentes conclusiones. La Iglesia no ha publicado nada sobre el tema por muchos años. Ya que no hay revelación sobre el asunto, hay dos posturas predominantes entre los miembros de la iglesia: 1) que estas tradiciones comunican una antigua creencia en Jesucristo, o 2) que los misioneros católicos interpretaron estas tradiciones de una manera para que tuvieran una semejanza con el cristianismo para convertir a más indígenas. Tal vez debe haber una opción en medio de estas que argumente que hubo una sincronización entre algunas creencias ya establecidas en las Américas y las que tenían los pueblos del Libro de Mormón (véase abajo la respuesta sobre la serpiente).

Además, podemos mencionar que el historiador del Vaticano, Luigi Guarnieri, reconoció en la figura de Viracocha la figura de un Apóstol prehispánico con poderes divinos (que en su opinión sería el Apóstol Tomás cuya tradición cuenta que se fue a predicar hacia las Indias); dato que no deja de ser interesante dada la rigidez y lo estricto de la sede Romana en estos aspectos. Guarnieri concluye que “la hipótesis de la predicación apostólica previa es sostenida con diversos argumentos (por ejemplo) la similitud entre cristianismo y religiones indígenas, deducible de las tantas nociones y prácticas comunes” (leer el artículo aquí, página 4).

Acontinuación se encuentran tres relatos de Wiracocha (Huiracocha,​ Wiraqocha o Viracocha; conocido también como Pachacamac) y uno que indirectamente apunta a aquella figura. El lector podrá decidir por sí mismo si cree que existe una similitud con Jesucristo:

“Antes que los Incas reinasen en estos reinos ni en ellos fuesen conocidos, cuentan estos indios otra cosa muy mayor que todas las que ellos dicen, porque afirman que estuvieron mucho tiempo sin ver el sol y que, padeciendo gran trabajo con esta falta, hacían grandes votos é plegarias á los que ellos tenían por dioses, pidiéndoles la lumbre de que carecían; y que estando desta suerte, salió de la isla de Titicaca, questá dentro de la gran laguna del Collao , el sol muy resplandeciente, con que todos se alegraron. Y luego questo pasó, dicen que de hacia las partes del Mediodía vino y remanesció un hombre blanco de crecido cuerpo, el cual en su aspecto y persona mostraba gran autoridad y veneración, y queste varón, que así vieron, tenia tan gran poder, que de los cerros hacia llanuras y de las llanuras hacia cerros grandes, haciendo fuentes en piedras vivas; y como tal poder reconociesen, llamábanle Hacedor de todas las cosas criadas, Principio deltas, Pa­dre del sol, porque, sin esto, dicen que hacia otras cosas mayores, porque dió sér ál os hombres y animales, y que, en fin, por su mano les vino notable beneficio. Y este tal, cuentan los indios que á mi me lo dixeron, que oyeron á sus pasados, que ellos también oyeron en los cantares que ellos de lo muy antiguo tenían, que fué de largo hacia el NORTE, haciendo y obrando estas maravillas, por el camino de la serranía, y que nunca jamás lo volvieron á ver. En muchos lugares diz que dió orden á los hombres cómo viviesen, y que les hablaba amorosamente y con mucha mansedumbre, amonestándoles que fuesen buenos y los unos á los otros no se hiciesen daño ni injuria, ántes, amándose, en todos hobiese caridad. Generalmente le nombran en la mayor parte Ticivlracocha, aunque en la provincia del Collao le llaman Tuapaca, y en otros lugares della Arnauan. Fuéronle en muchas partes hechos templos, en los cuales pusieron bultos de piedra á su semejanza, y delante dellos hadan sacrificios: los bultos grandes questán en el pueblo de Tiahuanacu, se tiene que fué desde aquellos tiempos; y aunque, por fama que tienen de lo pasado, cuentan esto que digo de Ticiviracocha, no saben decir déI más, ni que volviese á parte ninguna deste reino”. (Pedro Cienza de León, El señorío de los incas, Lima: Editorial Universo S. A., 1973, cap. V, págs. 18-19; ortografía original).

“Todos concuerdan en que la creación destas gentes la hizo el dicho Viracocha, el cual tienen noticia que fue un hombre de mediana estatura, blanco y vestido de una ropa blanca a manera de alba ceñida por el cuerpo, y traía un báculo y un libro en las manos. Y tras esto cuentan un extraño caso, que, como después que! Viracocha crió todas las gentes, viniese caminando, llegó a un asiento donde se habían congregado muchos hombres de los por él criados . . .

Viracocha prosiguió su camino, haciendo sus obras e instruyendo las gentes criadas … Y quiriendo dejarla tierra del Pirú, hizo una habla a los que había criado, avisándoles de cosas que les habían de suceder. Les dijo que vendrían gentes algunas que dijesen que ellos eran el Viracocha, su Criador, y que no los creyesen, y queI en los tiempos venideros les enviaría sus mensajeros para que los amparasen y enseñasen. Y esto dicho, se metió con sus dos criados por la mar, e iban caminando sobre las aguas, como por la tierra, sin hundirse”. (Pedro Sarmiento de Gamboa, Historia de los incas, segunda parte de la Historia Indica, Buenos Aires: Emecé Editores, 1943, págs. 108-109; ortografía original).

“. . . que preguntando á los Indios que figura tenía este Viracocha cuando ansí le vieron los antiguos, según que dello ellos tenian noticia y dijeronme que era un hombre alto de cuerpo yque tenía vestidura blanca que le daba hasta los pies, yquesta vestidura traía ceñida, é que traía el cabello corto yuna corona hecha en la cabeza á manera de sacerdote y andaba destocado, y que traía en las manos cierta cosa que á ellos les parece el día de hoy como estos breviarios que los sacerdotes traían en las manos . . . preguntóles como se llamaba aquella persona en cuyo lugar aquella piedra era puesta , y dijéronme que se llama Con TicI Viracocha Pachayachachic, que quiere decir en su lengua, Dios Hacedor del mundo”. (Juan Diez de Betanzos, Suma y narración de los incas, Madrid: Marcos Ji­ménez de la Espada, Imprenta de Ma­nuel G. Hernández, 1880, cap. II, pág. 7; ortografía original).

“Y passado algunos años después de aberlos y do y echado a los demonios . . . desta tierra, an llegado entonces a esas provincias y rey nos de Tabanatinsuyo un hombre barbudo, mediano de cuerpo y con cabellos largos, y con camissas algo largas, y dizen que era ya hombre passado más que de moco, y trayey las canas, hera flaco, el qual andava con su bordon, y era que enseñaba a los naturales con gran amor, llamándoles a todos hijos y hijas, el qual no fueron oydos ni hechos casso de los naturales, y guando andaba por todas las provincias ha hecho muchos milagros, y bisibles; solamente con tocar a los enfermos los sanaba, el qual no trayey enterés ninguno ni trayey atos, el qual dizen que todas las lenguas hablava mejor que los naturales, y le nombravan TON APA o TARAPACA VIRACOCHANPA CH AY ACHI CACHAN o PACCHACAN Y BICCHHAYCAMAYOC CUANACUYCAMAYOC . . . Reprehendiéndoles con amor afable, y por el dicho Apotampo los oyeron con atención, recibiéndole el dicho palo en su mano, de modo que en un palo los recibieron lo que les predicava, señalándoles y rayándoles cada capitulo de las rrazones. Este barón llamado Thonapa dizen que andubo por aquellas provin­cias de los collasuyos, predicándoles sin descansar. .. El cual dicho Thonapa dizen que los maldijo el dicho pueblo, de que vino a azer anegados con agua, y el día de oy se llama Yamqui Cupacocha, la laguna, que los yndios deste tiempo casi todos lo saben que como antiguamente hera pueblo principal y agora es laguna. Lo uno dizen que en un cerro muy alto llamado Cachaqueara,. estaba o abia un y dolo en figura de mujer, a el cual dizen que Tunapa tuvo gran odio con el dicho ydolo, y después le hecho fuego y se abrasó el dicho cerro con el dicho ydolo, rrebentandoles y derretiendoles como una cera el dicho cerro, y hasta el día de oy hay señales de aquel milagro espantable, jamás oído en el mundo . . . Dizen queI dicho Tuna­pa pasó siguiendo al rrío de Chacamarca, hasta topar en la mar. Entiendo que pasó por el estrecho hacía la otra mar. Esto han averiguado por antiguos inqas antiquísimos”. (Juan de Santa Cruz Pachacutl Yamqul, Relación de antigüedades deste Rey no del Pirú, en Tres relaciones de antigüedades peruanas, Asunción del Paraguay: Editorial Guaranla, 1950, págs. 210-213; ortografía original).

Plantó Valdivia su campo en el valle de Mapocho, que propriamente se llama Mapuche que quiere decir Valle de gente, por la mucha, que en el auia y de aý tomó el Río esse nombre: mas los españoles, y el tiempo a corrompido el vocablo, y en lugar de Mapuche, le llaman Mapocho. Dio buelta al valle mirando los assientos, y la hermosura de sus campañas y llanura, que es de los mejores y mas fertiles valles del Reino, fecundado de un rio, que liberal reparte sus aguas por diferentes sangrias, para que todos rieguen sus sembrados. Y pareciéndole ser el lugar mas acomodado, donde Loncomilla se dezia, pobló la ciudad de Santiago en el sitio donde oy está. Cuia fundación fue a dose de febrero de 1541 años, pidiendo a Nuestro Señor gracia para estender y entablar la fee entre aquella gente. Y a catorce caciques, que alli le dieron la paz, rogó le ayudassen para hazer alli una casa de oracion, y un templo para el culto y adoracion del Dios Verdadero: que está en los cielos, y crio el uniuerso donde se celebrassen los diuinos afficios. Y para persuadirles a ello les traxo a la memoria la honra que se debe al culto diuino, y al verdadero Dios. A que le respondieron: que ya tenian noticia de que auia, que abitaba en los cielos. Porque abian oydo dezir a sus antepassados, que antiguamente auia estado un hombre maravilloso en esta sierra, con barba crecida, y con ojotas calzadas, y manto al modo que ellos traian, sus mantas, sobre los hombros, el qual hazia muchos milagros, sanaba enfermos con agua, hazia llober, y crezer las plantas, y los sembrados, y con un soplo hazia encender fuego, y otras marabillas: sanando de repente a los enfermos, y dando vista a los ciegos. Y en la lengua de esta tierra hablaba con tanta propiedad, y elegancia como si siempre ubiera estado en ella con palabras muy dulces, y nueuas para ellos: diziendoles: que en lo alto de los cielos estaba el Criador de todas las cosas, y que tenia consigo mucha cantidad de hombres, y mugeres, que resplandecian como el sol, y que a poco tiempo se fue al Peru. Y assí muchos a imitacion del habito y ojotas, que este varon usaba las traen entre ellos, calzadas, y la manta; suelta sobre los hombros, o prendida en el pecho, o por las puntas anudada. Por donde se infiere; que este varon era algun Apostol, cuio nombre no saben; quedó admirado Valdiuia de esta relacion, y conociendo que Dios le tomaba a el por instrumento, para voluer a plantar la fee que el Santo Apostol auia predicado en este Reino, y perdidose la noticia de ella por la injuria de los tiempos, o por los peccados de sus habitadores… Y confirma esta noticia de auer venido algun Apostol a este Reino a predicar el santo Euangelio, una cosa marabillosa, que hasta oy perseuera en el valle de Jaurua, donde esta una piedra de bara y media de alto, y dos de largo en la qual estan estampadas las huellas de un hombre con ojotas, que en la piedra dejo ympressas, y sin duda sobre ella se subía a predicar a los yndios de aquel valle, y dejó las plantas impresas. Y demas de eso en la frente de la piedra escribio tres renglones abiertas las letras en la peña, y con caracteres, que no ay quien las entienda, ni sepa explicarlos. Y abiendolos echo sacar y copiar fielmente el Padre Joseph María Adamo de la Compañía de Jesus, missionero de la prouincia de Cuio, y que a trabaxado muchos años gloriosamente en la conuersion de los yndios de aquella prouincia, las embió a tres padres de la Compañia, noticiosos en lenguas al Padre Angelo de Magistris a Cordoua, al Padre Coninc al Pero, y al Padre Nicolas Mascardi a Chiloe, y ninguno acertó a leerlas con que hasta ahora no se sabe su significado”. (Diego Rosales, “Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano, Tomo I, (1674): 340 - 341; ortografía original).


Lecturas relacionadas: 

Gardner, Brant. "The Christianization of Quetzalcoatl: A History of the Metamorphosis". Sunstone, Vol. 10.11 (Salt Lake City, Utah: Sunstone Education Foundation, march 1986). págs. 6–10.

Hoyt, Scott. " Viracocha: Christ among the Ancient Peruvians?BYU Studies, 54:1(2015), 105-134.

Magleby, Kirk, "Four Peruvian Versions of the White God Legend", New Era, (december 1978).



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